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Latigo (Alejandro Miran) pertenece a una dinastía de Magos que se remonta al siglo XIX. Es la quinta generación de hechiceros según su arbol genealógico.
Todo comienza con Mirhan 'Manos veloces'. Un tozudo Armenio empleado de la construcción que conoció su amor por la baraja cuando, para calentar sus manos en una trinchera de la primera guerra mundial, manipulaba un mazo mientras recitaba versos de poesía casera.
La chispa del amor surgió y para siempre vivió con una baraja en la mano.Nunca más volvió a trabajar en construcciones puesto que el trabajo forzoso percudía sus manos y por que no le cabía ni medio laburar.
El segundo brujo en la familia fue Asadur.
A diferencia de su padre, Asadur se dedicó a las grandes ilusiones: Aparición de palomas, cortar a una mujer en dos partes, desaparecer los gatos cuando caía la patrona, etc.
Un verdadero talento en la familia pero con poca ambición. Su poca necesidad de fama y fortuna lo hicieron un verdadero amateur del arte en el mejor sentido de la palabra.
Cetrak 'El gnomo mágico', fue el tercer ejemplar en la ascendencia de Latigo.
Probablemente el más carismático de los predecesores. Ya desde chico mostró dotes de prestidigitador, artista cómico y talabartero; esto último no será desarrollado en este informe ya que no tiene nada que ver.
Este duende mágico llevaba la alegría donde iba. Rey midas de nacimiento, hacía relucir todo lo que su presencia tocaba. Sus ojos fulguraban unos rayos multicolores y en tres dimensiones, probablemente producto de desmesuradas ingestas de ácido lisérgico.
Brilló en el vaudeville, en el varieté, en el café concert, en la calle corrientes... Era re brilloso ese enano.
Amasó una fortuna nada despreciable pero vivió sus últimos días atormentado por el sindrome de la muela fantasma.
El cuarto y más inmediato acceso a los antepasados es Aldo 'El chiape' .
Mago mentalista desde joven, salía a escena caracterizado como un artista oriental: Tunica multicolor, trenza en la barbilla y ojos rasgados con maquillaje. Todo un chino de Belgrano.
Sus aparentes poderes mentales eran tales que la gente se asustaba y se iba del show antes de que terminara. La otra versión de la historia dice que se iban por que se aburrían como hongos.
Terminó abandonando los escenarios para dedicarse al rubro textil como el 95% de los Armenios en Argentina.
Padre de la criatura en cuestión, trató por todos los medios de evitar que su hijo siguiera los pasos de su padre y los del padre de su padre. No recuerdo haber escrito la palabra 'padre' tantas veces en una oración.
Sus intentos, a Dios gracias, fueron en vano (Gracias Barbas!!).
Así es como llegamos a Latigo, exponente actual en la familia del más puro entretenimiento. Magia y refinado humor se combinan magistralmente a la hora de entretener audiencias en todo el mundo.
Como un vino añejado en barriles de roble, el talento de este muchacho es maduro, aterciopelado e ideal para acompañar carnes rojas.
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